Desde el boom económico de los años 60, ha habido muchos cambios positivos en la infraestructura de la isla. Las buenas redes de carreteras y las excelentes comunicaciones con el resto de Europa hacen de Mallorca un lugar tentador en el que vivir o desde el que desplazarse para ir a trabajar. A esto hay que añadir un clima estupendo, unos paisajes espectaculares y numerosos atractivos culturales que convierten a la isla en un destino muy apetecible tanto para los visitantes como para los potenciales residentes.
El desarrollo turístico se concentra en unas zonas muy deterrminadas, dejando el resto de la isla impresionantemente virgen- hecho que contrasta con el resto de las costas españolas y el sur de Francia, donde la proliferación de zonas de camping y de caravanas y el fuerte desarrollo constituyen una pesadilla estética.
Los mallorquines comparten con los españoles el amor por los niños. A éstos se les mima en los restaurantes y además pueden disfrutar de parques aquáticos, acuarios, reptilarios, parques de animales y de un viaje en un encantador tren de vapor hasta el pintoresco pueblo de Sóller. Muchos padres están escogiendo Mallorca como un lugar atractivo al que traer a sus familias debido al amplio abanico/espectro de escuelas internacionales y un estilo de vida seguro y saludable para sus hijos.
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